Calas

[2004]


Un muro nos resguarda, nos acoge y nos aísla. También tiene una función decorativa. En él pintamos, colgamos objetos, fotografías y cuadros; registramos nuestra memoria.
Es una superficie para comunicar y dejar testimonio. El tiempo lo ensucia, lo desgasta, lo vela. Lo pintamos y repintamos, capa sobre capa sumamos historias. Su desgaste devela
lo que hubo antes junto a lo que hoy existe. Así pinto yo, capa tras capa, quito y vuelvo a poner, ensucio y ordeno, desprendo y aplico. Por esta razón me siento atraída por las calas
que observo en algunos monumentos históricos de mi ciudad. Pareciera que escapan a la vista, que se nublan. Las vemos arriba del muro, en el mismo techo o ras del suelo.
Son recortes sensibles que aparecen en cualquier parte y se salvan del olvido.

Con estas pinturas vuelvo a descubrir mi más cercano entorno, a hurgar en un tiempo al que no pertenezco. A pintar, a fin de cuentas, para tener un momento propio,
y continuar mi camino aunque siga desorientada.


(Esmeralda Torres)